jueves, 15 de septiembre de 2016

El acceso al poder político

Habitualmente el acceso al poder se produce a través de las vías que cada sociedad ha regulado para ello. No es extraño que, al igual que sucede con riqueza o prestigio, quienes tengan poder político deseen transmitirlo a sus sucesores. Así, en las sociedades antiguas, aunque existieron fórmulas como la monarquía electiva, fue muy frecuente la monarquía hereditaria, que requería el fallecimiento o la abdicación de un rey para que el príncipe accediese al trono. En estas monarquías, el acceso a cargos inferiores solía ser por designación del monarca (selección subjetiva). Pero no faltan casos diferentes, como las pruebas que debían realizar los aspirantes al funcionariado chino (selección objetiva). Incluso, en ciertos niveles, podía haber elección, como solía suceder en puestos municipales.
En las sociedades contemporáneas herencia, designación subjetiva, selección objetiva y elección siguen siendo formas reguladas para acceder al poder, pero nos ocuparemos especialmente de la última, por ser la que más importancia ha cobrado.
Respecto al acceso al poder de forma no regulada, suelen deberse a que quienes aspiran a alcanzar el poder no pueden hacerlo a través de formas reguladas. Por ejemplo, si no se es hijo del rey, no se puede heredar su corona. Un aspirante al trono deberá justificar la necesidad de un cambio dinástico o presentarse como heredero legítimo, por más que no lo sea. En el acceso no regulado al poder es importante el papel que adopten ejército y población. En un extremo, el ejército, por sí mismo, puede optar por tomar el poder (golpe de Estado). En el otro, puede ser la población la que tenga la iniciativa y que el ejército no se atreva a enfrentarse o sea derrotado (revolución). Con frecuencia, ejército y población, con distintos grados, participan en la operación para sustituir a los dirigentes políticos.

2.3.1 Las elecciones

La democracia –el poder del pueblo- puede ejercerse directamente. Así se hacía en la antigua Atenas, donde un grupo reducido de ciudadanos podía reunirse, debatir y tomar decisiones. En la actualidad, un referendum permite a la población pronunciarse sobre un asunto relevante. Pero en el pasado reciente, resultaba imposible el ejercicio de la democracia directa salvo en comunidades muy pequeñas. Se hizo necesario recurrir a la democracia indirecta, es decir, a que los ciudadanos escojan representantes.
Hablamos de elecciones directas cuando el ciudadano escoge directamente al puesto a elegir y de elecciones indirectas cuando se escoge a un grupo de personas que a su vez escoge a la persona que efectivamente se debe elegir. Esta segunda fórmula se empleó mucho, pero actualmente ha retrocedido mucho, porque se considera que hay más posibilidades de fraude y que puede distorsionar más la voluntad del ciudadanos, pero se sigue empleando, por ejemplo, en las presidenciales estadounidenses.
Las democracias liberales se basan en la elección de dirigentes políticos entre una pluralidad de candidatos. Las elecciones sirven para legitimar a los dirigentes políticos. Deben ser libres y competitivas, es decir, que concurran varias candidaturas claramente diferenciadas y que puedan expresarse libremente, respetándose el resultado de las elecciones. En el proceso previo a la proclamación de los candidatos, algunos aspectos importantes son:
-El cuerpo electoral, compuesto por quienes tienen derecho al sufragio, que aparecen relacionados en el censo electoral. Con el tiempo se han modificado los criterios para integrar el cuerpo electoral han variado. Algunos, como la exigencia de ciudadanía del país, la edad, o la exclusión de ciertos grupos (disminuidos psíquicos, ciertas condenas judiciales) se mantienen, pero con tendencia a la ampliación del sufragio (p. e., la edad de voto ha disminuido). Históricamente se empleó la riqueza y el género para limitar el derecho a sufragio. Para ello se argumentaba que tales personas no podían tener criterios autónomos. El sufragio censitario privaba del derecho a quienes no pagaban suficientes impuestos. El sufragio femenino ni siquiera se planteó en los primeros momentos del liberalismo y solo empezó a ser objeto de una reivindicación intensa a fines del XIX e inicios del XX. De hecho, solía hablarse de sufragio universal para referirse al derecho a voto de los varones, aunque hoy se entiende que debe abarcar también a las mujeres. También se emplearon en ocasiones requisitos en la formación para acceder al voto. Por ejemplo, admitir que ciertas personas que no pagaban impuestos, pero tenían determinados estudios, pudiesen votar, considerando que podían tener opiniones propias. En el cuerpo electoral se puede diferenciar el sufragio activo (derecho a votar) y el sufragio pasivo (derecho a ser votado), que no siempre han coincidido, aunque actualmente tiendan a hacerlo.

-La administración electoral es la autoridad que supervisa el proceso electoral.

En el pasado, con frecuencia, no fue independiente, favoreciendo el fraude electoral.

-La campaña electoral suele estar fijada en la legislación electoral. Es más importante a partir de la existencia del sufragio universal. Actualmente medios de comunicación o internet son vías importantes para vehicular las campañas, que se orientan sobre todo a los ciudadanos más indecisos y tienden a centrarse en los partidos con más posibilidades de éxito y especialmente en sus líderes. Muchos países impiden que la campaña electoral incluya el día de las votaciones y la jornada anterior.

-La jornada electoral suele ser solo un día, aunque pueden ser varios, cosa que era más frecuente en el pasado. En unos pocos países votar no es solo un derecho, sino un deber. No obstante, se produce la abstención, es decir, la no participación de ciudadanos en la votación. La votación se realiza en el colegio electoral. Para evitar el falseamiento durante el recuento, en muchos países se admite la presencia de compromisarios de los partidos que se presentan para verificar los resultados. En el recuento, se contabilizan también los votos nulos, que no se ajustan a lo requerido legalmente (p. e., han añadido un nombre en la lista) y los votos en blanco, que son votos válidos, pero que no se pronuncian por ninguna candidatura. Una vez deducidos los votos nulos y blancos, quedan los votos a candidaturas.

2.3.2 Los resultados electorales

Una vez trasladados los resultados de los diversos colegios a la administración electoral, se procede a un recuento global de los resultados. Es probable que este recuento no se haga a nivel del Estado, sino de un distrito o circunscripción electoral, que en la España actual es básicamente la provincia. Suele tratarse de un territorio, aunque a veces puede ser un determinado colectivo (emigrantes en el extranjero, minorías étnicas…). Si hay varios escaños o puestos a elegir, puede que cada distrito tenga un número diferente, en función de su población. Esto sucede parcialmente en el actual sistema español, que no obstante, tiende a sobrerrepresentar a las provincias menos pobladas. En algunos países se han diseñado circunscripciones electorales con el objetivo de favorecer determinados resultados. A este tipo de operaciones y otras similares se les suele denominar ingeniería electoral.
Algunos sistemas requieren un porcentaje mínimo de votos (umbral) para participar en el reparto de escaños (p. e., las elecciones a Cortes Valencianas).
A los resultados electorales se aplica una fórmula electoral. Las fórmulas mayoritarias son las más antiguas y simples: gana el candidato con más sufragios, independientemente de la diferencia con la que venza. Suele aplicarse en distritos uninominales –que eligen un solo candidato- pero puede hacerse también en plurinominales, como sucede en las elecciones presidenciales estadounidenses. Las fórmulas proporcionales aparecieron más tarde. Solo son necesarias en distritos plurinominales y reparten los escaños en función de la aplicación de determinadas fórmulas a los resultados electorales. Según la fórmula electoral que se aplique, unas candidaturas se verán beneficiadas y otras perjudicadas, tendiendo a verse beneficiadas las que cuentan con más votos. En España se aplica la fórmula de D’Hondt, consistente en dividir los votos de cada candidatura por 1, 2, 3… y después atribuir los escaños a los cocientes más elevados.
Todos los sistemas políticos producen una distorsión entre el porcentaje de votos y el porcentaje de escaños. En general, los sistemas con fórmulas porporcionales distorsionan menos la voluntad ciudadana, pero pueden plantear problemas para la estabilidad gubernamental: si se escoge un parlamento formado por múltiples partidos, reflejará mejor a la sociedad, pero será más complejo formar una coalición gubernamental estable. Por el contrario, los sistemas con fórmulas mayoritarias, suelen producir una mayor distorsión, pero con frecuencia tienen a configurar sistemas basados en dos partidos (bipartidismo), estando uno de ellos en claras condiciones de gobernar.
La modalidad del voto es la forma en la que manifiesta el voto. Una primera diferencia es si es personalizado (a un individuo, como en las elecciones al Senado español) o de lista (a un listado de candidatos, como en las elecciones al Congreso). El de lista tiene más variantes; cerrada y bloqueada (no se puede alterar), cerrada y no bloqueada (no se puede añadir nombres, pero sí alterar el orden de la lista), abierta (se puede alterar el orden, añadir nombres, pero no eliminar) y panachage (se puede quitar o poner nombres y alterar el orden).



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