domingo, 26 de marzo de 2017

LA EVOLUCIÓN POLÍTICA

3.1 La evolución hasta de los países occidentales hasta 1968

Estados Unidos mantuvo su sistema democrático basado en el bipartidismo:
republicanos y demócratas (derecha e izquierda respectivamente). Desde los 50 hubo
movimientos de solidaridad hacia los negros del Sur (Movimiento por los Derechos
Civiles), que seguían en la práctica discriminados. El activista negro más conocido,
Martin Luther King, fue asesinado. También lo fue el presidente Kennedy, que aspiraba
a introducir medidas para mejorar la situación de los más desfavorecidos.
El Reino Unido era consciente de que los tiempos de su grandeza habían pasado

y optó por convertirse en un aliado de lujo de la nueva gran potencia, Estados Unidos,
facilitada por sus vínculos históricos y culturales. Desde entonces el país se ha
distinguido por su atlantismo, es decir, por la percepción de la existencia de un espacio
común en las dos orillas del Atlántico Norte. Contaba con un sistema bipartidista con
laboristas y conservadores (izquierda y derecha respectivamente). Los primeros
vencieron en las elecciones de 1945 y pusieron los cimientos del Estado del Bienestar
(Welfare State).
En Francia se instauró la IV República que, como la III, estaba dominada por un
parlamento que estaba muy fragmentado entre diversos partidos, favoreciendo la
inestabilidad gubernamental. A diferencia del Reino Unido, Francia sí deseo recuperar
su puesto como gran potencia mundial y para ello se involucró en guerras coloniales. En
1954 fue derrotada en Vietnam y comenzó otra guerra en Argelia, donde vivían
numerosa población de origen europeo. Esta guerra, unida a la inestabilidad del sistema
político, llevó a una grave crisis. Se confió su solución al general De Gaulle, que
estableció la V República, caracterizada por una orientación presidencialista (el
Presidente de la República tiene mucho poder), lo que en ocasiones ha planteado
problemas cuando la mayoría en el parlamento ha sido de distinto signo respecto al
presidente.
La República Federal Alemana experimentó un fuerte crecimiento económico,
pero no mostraba aspiraciones a tener un papel relevante desde el punto de vista militar
o diplomático, debido al recuerdo de la Segunda Guerra Mundial. Los partidos más
importantes han sido CDU (derecha) y SPD (socialdemócrata), con un partido menor
entre ambos (Partido Liberal).
Italia mostró un desarrollo económico menor respecto a otros grandes países
europeos. El partido hegemónico fue la Democracia Cristiana, mientras en la izquierda,
el partido más importante de la oposición fue el comunista. Los gobiernos italianos
habitualmente fueron inestables.
Otro país derrotado en la guerra, Japón, fue inicialmente administrado por
Estados Unidos, que se ocupó de dotar al país de una constitución que lo convertía en
una monarquía parlamentaria. La ocupación estadounidense acabó en 1952 y desde
entonces el crecimiento económico adquirió un ritmo vertiginoso pero, como Alemania,
mantuvo un papel discreto en política exterior.

3.2 Los movimientos de 1968

En 1968 diversos lugares del mundo vieron surgir movimientos sociales que
presentaban aspectos novedosos. Los activistas usaron medios de comunicación como la
radio o la televisión, que facilitaron la extensión de las protestas. Se trataba sobre todo
de jóvenes que habían crecido en una época de expansión económica, con comodidades
como vehículo familiar o electrodomésticos que eran impensables décadas atrás.
Sobre la base de la experiencia del Movimiento por los Derechos Civiles de
Estados Unidos en los años 50, jóvenes de México, Europa Occidental, Estados Unidos,
Checoslovaquia o Japón encabezaron movimientos sociales que pretendían combinar la
libertad (idea defendida básicamente por el bloque occidental) y la igualdad
(reivindicada por el oriental). Frente a lo que sucedió en anteriores oleadas
revolucionarias, los sectores movilizados procuraron minimizar la violencia y
maximizar la repercusión de sus actos en los medios de comunicación, para lo que se
mostraron muy imaginativos.
En el bloque comunista destacó la llamada “Primavera de Praga” en
Checoslovaquia. El intento de liberalización política promovida por el presidente
Dubcek fue violentamente aplastado por los soviéticos, que temían –como
anteriormente en Hungría- que el país escapase a su control y se convirtiese en un
peligroso modelo para otros países vecinos.
Los restantes movimientos del 68 tampoco consiguieron sus objetivos. El más
conocido fue el Mayo francés. El presidente francés era el general De Gaulle, todo un
referente de la resistencia contra el nazismo, pero que era visto por las jóvenes
generaciones como una persona con talante conservador y autoritario. Un gran
movimiento estudiantil se adueñó de las calles. Sus demandas no se orientaban tanto a
pedir reformas puntuales como a transformar profundamente la sociedad. Los sectores
de la izquierda tradicional (socialistas, comunistas) se vieron sorprendidos y no sabían
qué hacer. Por un lado, no querían enfrentarse a estudiantes cuyas demandas, en buena
medida, compartían. Pero por otro, tampoco querían sumarse al movimiento, sino –si
acaso- liderarlo. Además, había una importante diferencia generacional que repercutía
en distintas visiones de la sociedad. La dirección de la izquierda tradicional era mucho
mayor y cifraba sus esperanzas de cambio social en el proletariado industrial. Los
estudiantes, casi siempre de origen burgués, confiaban en sí mismos. Los obreros más
jóvenes terminaron secundando las protestas y los partidos de la izquierda tradicional se
vieron finalmente arrastrados.
Hubo momentos en los que pareció que el movimiento podría derribar a De
Gaulle y poner en marcha un cambio de la sociedad. Pero De Gaulle era consciente de
que amplios sectores sociales que habían permanecido silenciosos durante aquellos días,
eran hostiles a estos cambios. Tras asegurarse de contar con el apoyo de los militares,
De Gaulle convocó elecciones anticipadas para el mes de junio. Como había previsto, se
produjo una gran victoria conservadora y en poco tiempo, aparentemente, se esfumaron
las protestas.
Otros muchos países se vieron agitados por movilizaciones sociales, con fuerte
protagonismo de jóvenes universitarios aquel año, incluyendo lugares tan lejanos y
distintos entre sí como México o Japón. Aunque los movimientos de 1968 fracasaron,
constituyen la muestra de profundos cambios de mentalidad que se estaban produciendo
en las sociedades más desarrolladas. Las aspiraciones los activistas de 1968 tendrían su
continuidad en los años posteriores en los llamados Nuevos Movimientos Sociales
(ecologismo, feminismo y pacifismo).

3.3 La evolución hasta de los países occidentales desde 1968 y el proceso de
integración europeo

Después de los movimientos de 1968, Occidente se vio sacudido por una grave
crisis económica desde 1973. El detonante fue una nueva guerra árabe-israelí en la que
los países árabes productores de petróleo decidieron subir el precio de este producto con
el fin de que los países occidentales retirasen su apoyo a Israel. La subida del precio del
petróleo repercutió en una subida general de precios. Muchas empresas cerraron, por lo
que el paro aumentó. Se empleó el término estanflación para reflejar las características
más destacadas de la crisis: aunque la economía estaba estancada, la inflación era muy
elevada.Una de las consecuencias de la crisis de 1973 fue un relanzamiento de las teorías
económicas neoliberales, que se oponían a la creciente intervención del estado en
economía, visible especialmente en los países de Europa Occidental tras 1945. Los
neoliberales afirmaban que la gestión estatal era ineficiente y generaba una excesiva
presión fiscal. El lema “Más mercado y menos Estado” refleja perfectamente su
aspiración dejar la economía en manos de la iniciativa privada. Opinaban que, si el
Estado reducía los impuestos, la actividad económica aumentaría y eso permitiría
reducir el paro.
En Estados Unidos la crisis económica coincidió con varios reveses en política
exterior, especialmente la caída de Vietnam del Sur en manos comunistas (1975),
percibida como una derrota. A fines de los 70, la presidencia del demócrata Carter fue
vista por muchos estadounidenses como el peor momento de la Guerra Fría. Esto
favoreció el triunfo del republicano Reagan, cuya presidencia se extendió de 1981 a
1989. Reagan puso en marcha una política neoliberal en lo económico y en política
exterior mostró una posición más firme y beligerante hacia la URSS. En el Reino
Unido, en esa misma época, llegó al gobierno Margaret Thatcher (1979), cuya política
económica y exterior presenta rasgos similares.
Respecto al proceso de integración europeo, sus primeros logros se produjeron
tras la Segunda Guerra Mundial. Muchos europeos occidentales eran conscientes de que
sus países se habían debilitado y de la necesidad de una aproximación económica y
política europea. Un sector deseaba que el acercamiento fuera rápido, constituyendo una
especie de Estados Unidos de Europa, pero sin gran éxito. Otro sector, dispuesto a
proceder más lentamente, fue el que acabó imponiéndose. Una primera victoria fue la
constitución de la Comunidad Económica Europea del Carbón y del Acero (1951) por
seis países: Francia, Bélgica, Holanda, Luxemburgo, República Federal Alemana e
Italia. Permitió que dos productos básicos cruzaran las fronteras de los países sin pagar
impuestos. El buen resultado de la experiencia impulsó la creación del Mercado Común
Europeo (1957), que establecía la libertad aduanera para la totalidad de productos.
Desde entonces se asistió un doble proceso: ampliación e intensificación. El
número de países fue creciendo: Reino Unido, Dinamarca e Irlanda (1967), Grecia
(1981), España y Portugal (1986). El proceso continuaría tras la caída del bloque
soviético. Respecto a la intensificación, pronto se vio que la simple unión aduanera sería
insuficiente. Por ejemplo, la subvención de un Estado a una empresa de su país sería
vista como competencia desleal por una empresa rival de otro país. Fue necesario ir
unificando criterios económicos más amplios y se empleó con frecuencia la
denominación Comunidad Económica Europea. Se establecieron ayudas para
agricultores y también fondos de los países más ricos para los más pobres, con el fin de
caminar hacia una convergencia económica y posteriormente apareció la necesidad de
una convergencia política, que se abordaría ya en el Tratado de Maasctricht (1992), del
que surgió la actual Unión Europea.

3.4 La evolución de los países orientales

En lo político, los países de Europa Oriental y la URSS mantuvieron dictaduras
del Partido Comunista. La mayoría de países orientales carecía de una verdadera
tradición democrática. Los elementos más anticomunistas fueron reprimidos, pero se
toleró la existencia de pequeños partidos no comunistas que no eran realmente libres,
aunque se celebraron elecciones fraudulentas en las que sistemáticamente vencían los
partidos comunistas.
La mala situación de la economía antes y durante la guerra y el uso de la
propaganda y la educación para difundir sus ideas permitieron que, pese a tratarse de
dictaduras, los regímenes comunistas orientales contaran con el apoyo de un sector de la
población.
El país donde costó más establecer una dictadura comunista fue Checoslovaquia,
país que contaba con una tradición democrática y en el que fue preciso recurrir a un
golpe de Estado en 1948. Con este golpe, la delimitación entre los dos bloques en
Europa quedó mucho más clara.
En lo económico, la URSS y los países orientales experimentaron un
crecimiento tras la guerra. La URSS impuso en sus países satélites el establecimiento de
economías planificadas. La economía estaba escasamente monetarizada, de forma que
los trabajadores cobraban buena parte de su sueldo en vales para consumir determinados
productos.
La perspectiva capitalista y comunista para incrementar la productividad
económica era distinta. En Occidente se apostaba por una línea más cualitativa: hacer
que cada trabajador produjera más, por un lado, incentivándole económicamente y por
otro, mejorando la maquinaria y la organización del trabajo. Por ejemplo, si una fábrica
aspiraba a duplicar su producción, es posible que lo hiciera comprando maquinara más
moderna. Una desventaja podía ser un incremento del desempleo. En los países
comunistas, la solución era más cuantitativa. Si un trabajador se esforzaba más, no iba a
cobrar más, así que era probable que no lo hiciera. Si el Estado se planteaba duplicar la
producción de fábrica, tendería a duplicar superficie, trabajadores, etc. Este sistema
reducía el paro pero tendía a abrir una brecha tecnológica y productiva con sus rivales.
Además, la economía de los países comunistas, especialmente la URSS, realizó
un enorme esfuerzo para mantener la carrera armamentística con Occidente. Ello hizo
que las mejoras en los niveles de vida que se produjeron en los años 50 fueran
tendiendo a decrecer y estancarse –a diferencia de lo que sucedía en Occidente- en las
décadas posteriores.
En la URSS, desde 1962 la posición de Jruschov se hizo más precaria por los
malos resultados en la economía y en 1964 Breznev se convirtió en el nuevo líder de la
URSS. Puso fin a algunas medidas liberalizadoras de su predecesor, incrementándose la
represión de los disidentes. Las cifras oficiales procuraban maquillar que el crecimiento
económico tendía a disminuir. Los resultados eran especialmente negativos en
agricultura. El país seguía dependiendo del exterior en productos básicos como los
cereales, debiéndolos comprar a países occidentales como Estados Unidos o Argentina.
Por otro lado, durante el mandato en el poder prácticamente no hubo renovación de los
altos cargos del partido, de modo que hubo una tendencia al aumento de la edad media
de los dirigentes.
Sin embargo, en política exterior los soviéticos parecían tener mejores
resultados, extendiendo su influencia a lugares anteriormente inimaginables como Cuba
o Mozambique. Debió, en cambio, perder su influencia sobre una importante aliado
comunista, China, que fue alejándose de la URSS desde mediados de los 50 y llegaron
al borde de la guerra en 1969.

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