domingo, 26 de marzo de 2017

LA ESCALADA DE LA TENSIÓN

El panorama internacional al terminar la Segunda Guerra Mundial era
completamente distinto. El Reino Unido había vencido, pero –tras haber combatido
durante toda la guerra- había sufrido un terrible desgaste económico y humano. Francia
maniobró hábilmente durante el final de la guerra y consiguió ocupar un puesto entre
los vencedores, pero no había aportado mucho a la derrota de Alemania y se hallaba
también muy debilitada. La URSS había mejorado en muchos aspectos su posición: su

imagen había mejorado, se había anexionado mucho territorio y ejercía su influencia
sobre varios países de Europa Oriental. Pero también estaba debilitada por las pérdidas
materiales y humanas derivadas del combate con la Alemania nazi. Estados Unidos era
el claro vencedor. Incorporado cuando la guerra ya estaba muy avanzada, no había
padecido daños importantes en su territorio. Era, con diferencia, la primera potencia
industrial –al acabar la guerra acaparaba tres cuartos de la producción industrial
mundial- y además había prestado dinero a varios países durante la guerra.
Ya antes de que acabara la guerra las discrepancias entre la URSS y los demás
aliados eran evidentes. El distanciamiento tendió a aumentar al concluir la guerra.
En la mayoría de países europeos se formaron gobiernos de coalición, pero las
carteras clave (defensa, interior, asuntos exteriores) estuvieron las controlaron los
comunistas en Europa Oriental, mientras en Europa Occidental se evitó que estuviesen
en manos de comunistas. Pero para los europeos occidentales uno de los problemas más
importantes era saber si Estados Unidos volvería al aislacionismo, como hizo tras la
Primera Guerra Mundial. Esto habría dejado a sus gobiernos en una posición difícil, ya
que es improbable pudieran resistir a un ataque de la Unión Soviética y sus aliados.
Un primer punto de fricción estuvo en una amplia zona al Sur de la URSS, que
abarcaba a Grecia, Turquía e Irán. Estos países habían tenido una fuerte influencia
británica, pero ante el debilitamiento del Reino Unido, los soviéticos aspiraban a
ampliar su influencia a esa zona. Sin embargo, los estadounidenses apoyaron a los
gobiernos prooccidentales de estos países y la URSS no se atrevió a llegar a un
enfrentamiento directo con Estados Unidos porque todavía estaba debilitada. Por su
parte, Estados Unidos –que contaba con la ventaja estratégica del armamento nucleartampoco
deseaba iniciar una guerra, porque sus informes indicaban que la URSS había
avanzado demasiado sus posiciones. Sería incapaz de mantener su influencia en una
zona tan extensa, lo que la conduciría a entrar en crisis. Ante la perspectiva de una crisis
interna soviética, los estadounidenses se conformaron con impedir nuevos avances de la
influencia soviética. Se trataba de un compromiso, pero un compromiso muy limitado
con sus aliados de Europa Occidental.
Alguien tan autorizado como Churchill alertó a la opinión pública
estadounidense en 1946 pidiendo su ayuda ante una Europa que estaba claramente
dividida por lo que llamó el “telón de acero”.
Estados Unidos despejó las dudas sobre su actitud ante un hipotético conflicto en
Europa desde entonces. En 1946 el presidente Truman enunció la llamada “Doctrina
Truman”, prometiendo ayuda a los países aliados europeos.
En el campo económico la ayuda estadounidense se plasmó en el Plan Marshall
(1947). En los años anteriores, la economía de los países de Europa Occidental no se
reactivó. Quienes tenían dinero preferían no invertirlo, ante la posibilidad de una nueva
guerra contra los soviéticos. Eso favorecía un malestar social que políticamente se
manifestó en el crecimiento de los partidos comunistas. El simple anuncio del Plan
Marshall hizo que los capitalistas europeos, ahora seguros de contar con la protección
estadounidense, empezaran a invertir, relanzando la economía.
El Plan Marshall consistía en el envío de material a los países europeos que
estuviesen atravesando dificultades económicas. Se beneficiaron países que fueron
neutrales durante la guerra como Portugal o Turquía, pero no España, cuyos dirigentes
parecían demasiado afines a los derrotados en la guerra. Pero sobre todo, quedaron
excluidos los países que estaban bajo la órbita soviética, ya que una condición puesta
por Estados Unidos fue que no hubiera comunistas en el gobierno de los países que se
quisieran beneficiar.
La entrega de este material se producía en condiciones muy ventajosas, ya que
prácticamente eran ayudas a fondo perdido. Para la economía de los países receptores
fue un notable impulso, registrándose elevadas tasas de crecimiento económico. Pero
suelen pasarse por alto los efectos positivos para la economía estadounidense. Antes del
Plan Marshall, Estados Unidos corría el riesgo de entrar en una crisis de
superproducción, ya que no había países en condiciones de comprar sus productos. El
recuerdo de la crisis de 1929 era muy fuerte. El Plan Marshall permitió dar salida a
estos productos, evitando una nueva crisis, al tiempo que Estados Unidos transformó su
ayuda económica en influencia política sobre los países de Europa Occidental, si bien
esta influencia no llegó a ser tan asfixiante como la soviética en los países de Europa
Oriental. El lugar de mayor tensión en Europa era Alemania. Los vencedores la habían
repartido su administración en cuatro partes, por lo que no existía en los primeros
momentos un gobierno alemán. También había sido dividida Austria y sus respectivas
capitales, Berlín y Viena. Supuestamente Estados Unidos, Reino Unido, Francia y la
URSS debían gobernar sus respectivas partes pero manteniendo un plan común. Sin
embargo, la URSS, sin consultarles, se anexionó algunos territorios alemanes y
transfirió otros que administraba a Polonia, para compensarla por la pérdida de
territorios polacos que se había anexionado la URSS. La presencia de las dos
superpotencias en Alemania hacía que, si estallase una nueva guerra, este país fuese el
escenario principal. Para ambos países ganar simpatías de alemanes se convirtió en una
tarea prioritaria y para ello estuvieron dispuestas a olvidar el reciente pasado nazi.
El Reino Unido, debido a la mala situación de su economía y a problemas en su
gran imperio colonial, llegó a un acuerdo con Estados Unidos. En virtud de este, la zona
británica se integraría con la estadounidense en lo que se denominó “bizona”,
asumiendo Estados Unidos el coste económico de ambas zonas, pero adquiriendo
también capacidad para actuar en la zona británica. Después se presionó a Francia para
que uniese su zona, con el objetivo de constituir una Alemania Occidental
independiente. Los soviéticos, ante esta maniobra, bloquearon las comunicaciones por
tierra con Berlín Occidental, que era una especie de islote controlado por estas tres
potencias, pero enclavado en el territorio dominado por los soviéticos. Los
estadounidenses solucionaron el problema mediante un espectacular puente aéreo que
llevó los suministros necesarios a la ciudad. Era un síntoma de que la guerra podía
estallar en cualquier momento.
En 1949 Estados Unidos, Canadá y doce países europeos firmaron el Tratado del
Atlántico Norte. Se trataba de una alianza defensiva, pero a diferencia de los tiempos de
Bismarck, no era secreta. Establecía que una agresión militar contra uno de los
miembros sería considerada como una agresión contra todos los miembros de la alianza.
Sin embargo, no implicaba una respuesta militar inmediata de los demás miembros.
Cuando las zonas francesa, británica y estadounidense se integraron en 1949 en
un nuevo Estado, la República Federal Alemana. La respuesta soviética fue la creación
ese mismo año de otro Estado, la República Democrática Alemana. Habían aparecido
las dos Alemanias, haciendo aun más patente la división del mundo en dos bloques.

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