Los avances de posiciones del bloque soviético en los años 70 hacían
difícilmente imaginable su desmoronamiento pocos años después. El problema más
grave era la situación económica, pero no era el único. El envejecimiento de sus líderes
era evidente y en pocos años murieron Breznev (1982), Andropov (1984) y Chernienko
(1985), decidiendo poner al frente del país a alguien más joven: Gorbachov.
Estados Unidos financió a guerrillas que luchaban contra gobiernos comunistas,
lo que forzaba a su rival soviético a hacer un enorme esfuerzo para mantener a sus
gobiernos aliados. Esto fue especialmente grave en Afganistán, país invadido por los
soviéticos en 1979, deteriorando su imagen como defensores del Tercer Mundo. La
URSS debió combatir a guerrillas islamistas, viéndose en una situación similar a la de
EE. UU. en Vietnam: combatir a una guerrilla armada por la otra superpotencia,
sufriendo enormes gastos y bajas entre sus tropas.
Un problema aun mayor lo planteaba la puesta en marcha por el presidente
estadounidense de la Iniciativa de Defensa Estratégica (SDI en inglés, más conocida
como “Guerra de las Galaxias”). Se trataba de un proyecto que –de conseguirsepermitiría
impedir que los misiles nucleares estadounidenses alcanzaran a Estados
Unidos, que cobraría así una ventaja estratégica. Los soviéticos deberían hacer un
esfuerzo semejante, pero su economía no se lo permitía. Gorbachov optó entonces por
una política de diálogo con Estados Unidos, que no era consciente de hasta qué punto
era grave la crisis económica soviética. Fruto de este diálogo fue una reducción del
armamento nuclear. En el plano interior, Gorbachov puso en marcha un programa de
reformas (perestroika) que apuntaba a introducir elementos propios del capitalismo
(moneda, incrementos de salario) para potenciar la economía. Pero también apostaba
por una tibia liberalización, que afectó especialmente a los medios de comunicación.
Aunque los problemas económicos eran similares en los países orientales, fue
concretamente en Polonia donde se produjeron los hechos que desencadenaron la crisis
de todo el bloque soviético. El nacionalismo polaco era tradicionalmente antirruso.
Polonia había vivido varios movimientos de protesta contra la dictadura comunista
aliada a Moscú. En 1979 fue elegido Papa el polaco Juan Pablo II y eso dio ánimos a
los opositores, ya que la Iglesia polaca se mostraba claramente distanciada de los
comunistas. Una visita del Papa sacó a las calles a multitudes de polacos que se hicieron
conscientes de su fuerza.
En 1980 se fundó el sindicato Solidaridad (Solidarnosc), que se mostró
reivindicativo frente a los comunistas. Su simple existencia deslegitimaba al gobierno
comunista, ya que este decía defender los intereses de los trabajadores. En 1981 los
militares polacos dieron un golpe de Estado y prohibieron el sindicato. Si la invasión de
Afganistán manchó la imagen soviética ante el Tercer Mundo, el golpe que alentó en
Polonia la dejó aun más maltrecha ante los países occidentales.
Pero los golpistas no consiguieron acallar las protestas. El sindicato Solidaridad
se mantuvo en la clandestinidad y en 1988 promovió huelgas que forzaron a la dictadura
a negociar. Se acordó realizar unas elecciones libres en 1989 para cubrir 161 escaños del
parlamento (un tercio). Solidaridad obtuvo 160, haciendo patente la carencia de apoyo
popular del comunismo. Las autoridades polacas pidieron autorización a Moscú para
que el presidente del gobierno polaco fuera, por primera vez tras la Segunda Guerra
Mundial, alguien que no fuese comunista. Para sorpresa del mundo entero, los
soviéticos –debido a su apurada situación económica- aceptaron. Ese mismo año los
soviéticos, incapaces de hacerse con el control de Afganistán, abandonaron el país.
A partir de entonces los acontecimientos se aceleraron, asistiéndose a una
auténtica revolución pacífica en unos pocos meses. Básicamente, los ciudadanos de los
países de Europa Oriental protestaron para reclamar las mismas libertades de que
disfrutaban ya los polacos. Habitualmente los gobernantes comunistas hicieron un
intento para dulcificar un poco su dictadura, pero al final debieron poner en marcha un
proceso de auténtica democratización. El caso más complicado lo planteaba la
República Democrática Alemana. El muro que separaba la ciudad de Berlín desde 1961
constituía el símbolo de la Guerra Fría. Las protestas ciudadanas se incrementaron y
finalmente las autoridades de la RDA tuvieron que resignarse a que los ciudadanos
pasaran espontáneamente el muro y que comenzaran a demolerlo. Se inició un proceso
de democratización que desembocaría en la integración del país en la República Federal
Alemana (1990). Ese año, formalmente, se firmó el tratado entre las dos Alemanias y
los vencedores de la Segunda Guerra Mundial.
Sin embargo el declive soviético no acabó con la pérdida de influencia en
Europa Oriental. En la propia URSS había sectores las protestas se iban generalizando.
A quienes deseaban iniciar un proceso democratizador había que añadir los largamente
reprimidos nacionalismos no rusos, ubicados en Europa (lituanos, ucranianos…),
Cáucaso (georgianos, armenios…) y –con menor fuerza- en Asia Central (kazajos,
kirguises…). Gorbachov intentó maniobrar para mantener la unidad del país pero sus
propuestas reformistas eran muy radicales para unos e insuficientes para otros, de modo
que fue quedándose sin apoyos. El PCUS (Partido Comunista de la Unión Soviética)
veía como sus militantes le abandonaban y hasta los propios rusos parecían más
interesados en promover su propio nacionalismo que en mantener la URSS.
En agosto de 1991 la línea más dura de los comunistas intentó recuperar el poder
mediante un golpe de Estado. Gorbachov fue detenido y la figura clave para impedir sus
propósitos fue Yeltsin, presidente de la Federación Rusa. Esto hizo que su poder
aumentase, mientras el poder efectivo del presidente soviético Gorbachov seguía
debilitándose. En 1990 Lituania había proclamado su independencia. Pero desde agosto
de 1991 se produjo una avalancha de proclamaciones de independencia de los estados
que componían la URSS. El PCUS fue ilegalizado y en diciembre de 1991 la URSS,
hasta hacía poco superpotencia, dejaba de existir.
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