viernes, 14 de octubre de 2016

La Gran Guerra

En los Balcanes fue donde estalló la chispa que hizo estallar la guerra. En esa zona, Austria-Hungría se anexionó en 1908 Bosnia-Hercegovina, territorio que administraba desde hacía décadas. Durante una visita a su capital, Sarajevo, el archiduque Francisco Fernando, heredero del trono, fue asesinado el 28 de junio de 1914. Como el asesino era un nacionalista serbio, existía la posiblidad de un conflicto entre los dos países e incluso su extensión a países aliados. Nuevamente hubo gestiones diplomáticas para evitar la guerra. Segura del apoyo alemán, Austria-Hungría culpó a Serbia y el 23 de julio dio un ultimatum para que accediese a unas demandas. Por su parte, Serbia preguntó a su aliada Rusia si, en caso de guerra, recibiría su apoyo. A su vez Rusia quiso saber previamente la actitud francesa. Como Francia prometió apoyo a Rusia, esta a su vez lo aseguró a Serbia.
El 28 de julio Austria-Hungría atacó a Serbia. Era solo un conflicto entre dos estados, pero los sistemas de alianzas lo convertirían en un conflicto general. Rusia movilizó a sus tropas con la intención de que Austria-Hungría a retirarse. Como respuesta, Alemania declaró la guerra a Rusia el 1 de agosto. Ese día Francia movilizó sus tropas pero Alemania, lejos de modificar su actitud, le declaró la guerra el día 3. El día 4 Alemania invadió Bélgica, país neutral. Esto hizo que el Reino Unido, en principio también neutral, declarase la guerra a Alemania. Al comenzar la guerra se creía que sería breve, debido a los avances de la industria armamentística. Muchos jóvenes se apresuraron a alistarse, pensando que para Navidad habría acabado. Pero duraría más de cuatro años y causaría más de 9 millones de muertos, participando más de 30 países, aunque algunos de ellos solo declararon simbólicamente la guerra. Los combates se extendieron por todo el mundo pero, con diferencia, fueron especialmente intensos en Europa. Dicha intensidad hizo que los contemporáneos la denominasen Gran Guerra. Inicialmente Alemania llevó la iniciativa. Hacía años había diseñado el Plan Schlieffen, que preveía lanzar el grueso del ejército alemán contra Francia, el rival más fuerte, para derrotarla rápidamente. Se contaba con que Rusia, debido al no tener una buena red de comunicaciones, movilizaría lentamente sus tropas, dando tiempo a Alemania a trasladar sus tropas alemanas una vez derrotada Francia. Las fuerzas alemanas atacaron Francia por la desprevenida Bélgica y avanzaron hacia París, pero en un supremo esfuerzo, los franceses lograron frenarlos en la batalla del Marne, en las afueras de la capital. A fines de 1914, agotados, los alemanes optaron por fortificar sus posiciones y los franceses y sus aliados británicos hicieron lo mismo. Se hizo evidente que la guerra sería larga. Alemania y sus aliados (Austria-Hungría, Imperio Otomano, Bulgaria) fueron conocidos como “Imperios Centrales”, mientras que se denominó “Aliados” al bando enemigo. Italia, pese a que antes de la guerra formaba la Triple Alianza con Alemania y Austria-Hungría, se declaró inicialmente neutral. La guerra fue muy distinta en el frente occidental (Norte de Francia) y en el oriental. En el Norte de Francia, durante cuatro años los avances y retrocesos fueron escasos, de forma que los intensos combates se produjeron en una zona reducida que quedó devastada. Era la guerra de trincheras. Estas se prolongaban a lo largo del frente. En ellas los soldados vivían en pésimas condiciones por la humedad y enfermedades. En este frente se empleaba armamento más moderno (aviones, gases tóxicos, tanques, armas de repetición, etc.). Un ataque en la guerra de trincheras se producía de este modo. La artillería del país atacante bombardeaba duramente las líneas enemigas, cuyos soldados iban a los refugios. Cuando cesaba el bombardeo, los soldados atacantes se dirigían a las trincheras enemigas. Los defensores supervivientes causaban –con las ametralladoras- muchas bajas entre los atacantes. Si estos seguían avanzando, deberían superar alambradas y después podría llegarse a una lucha cuerpo a cuerpo. Si los atacantes conseguían ocupar las trincheras enemigas no podían seguir avanzando, porque estaban extenuados y pocos metros más allá había una nueva línea de trincheras enemigas. En resumen, los atacantes, a lo sumo, conseguían mínimos avances a costa de muchísimas bajas. Es lo que sucedió, por ejemplo, en la batalla de Verdún (1916), que causó unas 800.000 bajas, entre ellos más de 250.000 muertos. La guerra de trincheras hizo que la guerra se prolongara más de lo que se pensaba y que los países tuvieran que hacer grandes esfuerzos económicos y humanos para sostener el esfuerzo militar. La guerra se estaba convirtiendo en una guerra de desgaste, en la que se trataba de ver qué bando sería incapaz de sostener este esfuerzo y debería pedir la paz. El frente oriental registró desplazamientos mucho más importantes, combatiéndose en un área extensa. Los rusos inicialmente avanzaron un poco, pero pronto tuvieron que retroceder ante el empuje alemán y austro-húngaro. Rusia tenía graves problemas de abastecimiento y para mantener contacto con Francia y el Reino Unido, por no disponer de un buen acceso a aguas de mares abiertos. Una posible derrota de Rusia era peligrosa para Francia y Reino Unido, porque permitiría a los Imperios Centrales concentrar sus esfuerzos en el frente occidental. El Reino Unido intentó aliviar la presión sobre Rusia atacando en 1915 los Dardanelos, pero fueron rechazados por los turcos. Ese año Italia entró en el bando aliado, formándose otro frente en la frontera alpina con Austria-Hungría. En esta zona las características de los combates fueron más similares a las del Norte de Francia. Posteriores derrotas rusas desmoralizaron a su ejército y derribaron su gobierno. A fines de 1917 Rusia pidió un armisticio (cese de las hostilidades). Era un duro golpe para los Aliados. Sin embargo, fue sobradamente compensado al entrar en guerra Estados Unidos en abril, debido a que los submarinos alemanes atacaban a embarcaciones estadounidenses –hasta entonces neutrales- que se dirigían al Reino Unido. La entrada fue crucial porque se trataba de un país con muchos recursos y no estaba agotado por una guerra que se prolongaba ya años. En el mar solo hubo una batalla importante (Jutlandia, 1916), pero fue un escenario importante. Los británicos necesitaban suministros para mantener el esfuerzo bélico y los alemanes recurrieron a los submarinos para intentar cortar su llegada. En el aire hubo combates de aviones y se usaron dirigibles, pero la guerra aérea distó de ser decisiva en el conflicto. Tampoco lo fue una nueva arma destinada a futuros éxitos: el tanque. Uno de los principales temores de los soldados, en cambio, eran los gases, como el gas mostaza. Legislación posterior prohibió su uso. En 1918 Alemania retiró tropas del ya inactivo frente ruso e hizo un último esfuerzo en el frente francés para intentar ganar la guerra antes de que Estados Unidos pusiese en Europa contingentes elevados de tropas, pero fracasó. Por el contrario, debieron pedir la paz sucesivamente sus aliados Bulgaria (septiembre), el Imperio Otomano (octubre) y Austria-Hungría (noviembre). Sola, Alemania firmó en noviembre de 1918 un armisticio. Fuera de Europa, los combates más importantes se produjeron en Oriente Próximo, donde los británicos apoyaron una revuelta de los árabes que vivían bajo el dominio del Imperio Otomano. Por su parte, Japón ocupó unas pocas ciudades que Alemania tenía en la costa china y algunos archipiélagos del Pacífico, sabedor de que Alemania no podría enviar refuerzos a sus colonias. También en África las colonias alemanas fueron cayendo en manos aliadas, salvo Tanganica.

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