viernes, 14 de octubre de 2016

Revolución de Febrero

San Petersburgo, capital de invierno, había cambiado su nombre germano por el eslavo de Petrogrado. En febrero sus calles fueron escenario de manifestaciones de protesta. El día 26 de febrero -11 de marzo en el calendario occidental- las tropas, en lugar de reprimirlas, se sumaron a ellas y el zar debió abdicar el día 2 de marzo.
Se formó un nuevo gobierno provisional integrado mayoritariamente por kadetes, que anunciaron una amnistía e introdujeron la libertad de expresión. El gobierno provisional tuvo problemas para legitimarse porque al mismo tiempo se estaban organizando soviets (consejos) en ciudades, pueblos, unidades militares… Estos soviets tenían un carácter más abierto y democrático.
En el gobierno tuvieron representación kadetes, eseristas y mencheviques, mientras que las fuerzas dominantes en los soviets fueron eseristas, mencheviques y bolcheviques.
La población percibía la existencia de dos fuentes de poder: el gobierno provisional y los soviets. El príncipe Lvov, presidente del primero de los cinco gabinetes que hubo entre febrero y octubre, dijo acertadamente que el gobierno provisional tenía poder sin autoridad, mientras los soviets tenían autoridad sin poder. Si el gobierno hubiese conseguido algún éxito, los soviets podrían haber desaparecido, pero por el contrario, no cosechó más que fracasos:
-Mantuvo la impopular participación en la guerra, sufriendo nuevas derrotas.
-El problema del hambre aumentó.
-No emprendió una reforma agraria que calmase a la mayoría campesina.
-Tardó mucho en poner en marcha un proceso electoral del que surgiese un gobierno legitimado por las urnas.
El partido bolchevique, de escasa relevancia antes de la Revolución de Febrero, creció espectacularmente. Pasó de 20.000 afiliados en febrero a 200.000 en julio. Era el único partido dispuesto a abandonar la guerra y con un eslogan muy simple, “Paz, pan y tierra”, ofrecía lo que la población soñaba.
Los sucesivos gobiernos provisionales tendieron a estar cada vez más inclinados a la izquierda. Cuando en septiembre en septiembre de 1917 hubo un intento de golpe de Estado, el gobierno no fue capaz de frenarlo, debiendo hacerlo la Guardia Roja, una unidad paramilitar creada por los bolcheviques, que de esta forma aparecían como la única fuerza sólida.
Por entonces, los bolcheviques contaban con su líder Lenin, que había regresado desde su exilio en Suiza con ayuda de Alemania, deseosa de incrementar las tensiones internas de Rusia.

Lenin planteó que el país ya estaba en condiciones se afrontar una segunda revolución que diese el poder al proletariado, debiendo convencer de ello primero a la cúpula de su propio partido. Pidió que todo el poder pasara a los soviets, donde los bolcheviques se mostraban muy activos -especialmente en Moscú y Petrogrado- y se comenzó a planificar la revolución.

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