Aunque
las revoluciones de Rusia estuvieron directamente relacionadas con la Gran
Guerra, sus raíces eran profundas. Era un país integrado por numerosos grupos
étnicos, pese a que los rusos fueran claramente mayoritarios. Desde fines del
XIX había conocido una incipiente industrialización y urbanización, pero en
1913 la industria solo empleaba al 5% de la población activa. La mayoría de la
población la formaban campesinos que vivían en condiciones difíciles, bajo la
constante amenaza del hambre.
El
país seguía siendo una monarquía absoluta a inicios del siglo XX, todo un
anacronismo en la Europa de la época. En 1904 comenzó una guerra contra Japón,
considerado una potencia inferior, sin embargo, los rusos fueron derrotados, lo
que favoreció que afloraran las tensiones sociales y políticas en la llamada
Revolución de 1905. Las demandas de manifestantes pacíficos – que portaban
iconos religiosos e imágenes del zar- ante el Palacio de Invierno tuvieron como
respuesta una brutal represión. Las protestas se extendieron y el zar se vio
forzado a reconocer la libertad de prensa, reunión y asociación e incrementar
las atribuciones del Parlamento (Duma), que hasta entonces eran solo
consultivas. Pero estas reformas fueron tibias y no consolidaron una monarquía
constitucional. Ya en 1906 hubo una involución tendente a restaurar la
autocracia zarista.
La
guerra fue en 1917 -como en 1905- el detonante revolucionario. El deterioro de
la imagen de la familia real en los últimos tiempos era notorio. Se creía que
el zar Nicolás estaba manejado por la zarina Alejandra. El hecho de que fuese
alemana dañó mucho su imagen tras 1914, pero aún más devastadores fueron los
efectos de la influencia que sobre ella ejercía un extraño personaje, Rasputín,
que aparecía para muchos como verdadero hombre fuerte de Rusia.
Las
fuerzas políticas más importantes de Rusia eran, de derecha a izquierda:
-Zaristas
partidarios del mantenimiento de la monarquía absoluta. Contaban con muchos miembros
de la nobleza y el clero.
-Kadetes,
partidarios de una democracia liberal. Con gran implantación entre la
burguesía.
-Eseristas.
Eran miembros del Partido Socialistas Revolucionario, socialista, pero no marxista,
con gran implantación entre el campesinado porque defendían la expropiación de
tierras de nobleza y clero.
-Marxistas.
Aunque inicialmente formaron un solo partido, se habían escindido. Los mencheviques
(minoritarios) eran partidarios de llegar a la sociedad socialista mediante
reformas graduales, mientras los bolcheviques (mayoritarios) eran partidarios
de hacerlo mediante la revolución.
A
estas fuerzas cabría sumar la presencia en muchos lugares de anarquistas o de nacionalistas
(Polonia, Armenia, etc.).
El
fracaso de los intentos reformistas tras 1905 y la deslegitimación de la
familia real podrían haberse sobrellevado si hubiese éxitos militares. Pero los
rusos retrocedían ante los alemanes, hundiéndose la moral de las tropas,
mientras en la retaguardia los civiles padecían una gran carestía en los
productos básicos.
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