3.1 La crisis económica: aparición y agravamiento
Hacía siglos que navegantes portugueses y castellanos habían puesto las bases dela globalización económica. Pero en el siglo XX los vínculos económicos entre las
distintas áreas del planeta eran mucho más estrechos. Eso favorecería que crisis
económicas que antes podían tener ámbitos locales o regionales, pudiesen ahora
alcanzar efectos globales.
Estados Unidos reforzó tras la Gran Guerra su posición como economía más
importante del mundo. Fabricaba casi la mitad de la producción industrial mundial. Los
sectores que se mostraron más dinámicos fueron los relacionados con la Segunda
Revolución Industrial, como la industria química o la automovilística. En los años 20
los salarios aumentaron y las jornadas laborales disminuyeron. La venta a plazos se
difundió y eso favoreció que se convirtiese en una sociedad en la que ciudadanos
comunes podían plantearse la adquisición de un coche, un frigorífico o una radio. La
electricidad y el agua corriente se estaban generalizando y las mentalidades se estaban
modificando al ritmo de tan rápidos cambios.
No faltaron ciudadanos comunes que se plantearan invertir en bolsa, ya que
parecía una vía fácil para obtener beneficios rápidos. Los bancos facilitaban préstamos
sin grandes problemas a quienes querían realizar compras a plazos o invertir en bolsa,
ya que la economía seguía creciendo y acciones como estas parecían contribuir a
mantener dicho crecimiento.
Ya antes del estallido de la crisis, algunos indicadores económicos
estadounidenses, como el decrecimiento del PIB desde la primavera, deberían haber
preocupado. Sin embargo, la aparición de la crisis se percibió como una brusca
irrupción, marcada sobre todo por el Jueves Negro y el Martes Negro (24 y 29 de
octubre respectivamente), cuando el valor de las acciones se desplomó en Wall Street.
El pánico contribuyó a la extensión de la crisis. Los ciudadanos acudieron a los
bancos para retirar el dinero que tenían depositado. Muchos carecían de depósitos
suficientes de debieron cerrar, perdiendo dinero numerosos ahorradores. Los bancos que
sobrevivían dejaron de dar crédito y reclamaron con firmeza el dinero que se les
adeudaba. De las finanzas, la crisis pasaba a la banca. Por último, se extendió a la
industria. Hubo un fuerte descenso del consumo y las empresas empezaron a acumular
enormes stocks y empezaron a bajar los precios de sus productos, pero eso no modificó
las reticencias del consumidor a realizar nuevas compras, de forma que los precios
mantuvieron su caída. Los cierres de industrias fueron extendiéndose y paralelamente,
el desempleo. Quienes carecían de trabajo apenas compraban y quienes lo conservaban
preferían no gastar, porque temían perderlo en un futuro.
Las causas de la crisis no radican solo en Estados Unidos. Por ejemplo, países
orientados a la exportación de productos del sector primario, como Argentina o Canadá,
habían visto previamente cómo los precios de estos productos se desplomaban. Sin
embargo, Estados Unidos, contribuyó a su extensión. Por ejemplo, se habían hecho
cuantiosas inversiones en Alemania, aprovechando la bajada de precios de 1923. Ahora,
los inversores estadounideses retiraron el dinero invertido en Alemania para hacer frente
a las pérdidas en su país, pero esto sumió a Alemania en la crisis. En otros países
europeos la crisis llegó bien entrado el año 1930.
La existencia de crisis económicas no era nueva en la economía capitalista y la
mayoría de los economistas liberales estimaron que debía afrontarse del mismo modo
que las anteriores: no haciendo nada. Creían que los problemas económicos se
resolverían espontáneamente, de modo que si en esos momentos estaba descendiendo la
producción, era normal que los productores bajaran el precio para que su compra fuese
atractiva. Si no lo era, el precio del producto debería seguir bajando hasta que el
consumidor estuviese dispuesto a comprarlo. Sin embargo, esta crisis era especialmente
profunda y la bajada de precios no parecía tocar fondo, destruyéndose, entre tanto,
numerosos empleos por el cierre de empresas. Por ejemplo, el paro en 1931 era del 16%
en Estados Unidos, pero del 44% en Alemania. El malestar social se extendía a amplios
sectores y eso podía llegar a constituir un grave problema político.
Los estados, en lugar de cooperar, optaron por intentar solventar sus crisis
particulares. Solo hubo esfuerzos tardíos e ineficaces para coordinarse, como la
Conferencia Económica Mundial de Londres de 1933.
La reacción típica de los gobiernos fue promover políticas de austeridad
económica y proteccionistas. Las primeras tendían a reducir el gasto público en un
momento en que se producía una reducción de ingresos para el Estado, lo que parecía
lógico. Las segundas intentaban que los ciudadanos comprasen productos nacionales.
Una de las medidas proteccionistas consistía en devaluar el precio de la moneda. Eso
permitía que el precio de los productos extranjeros se encareciera respecto a los propios.
Pero eso puso en marcha una dinámica en la que los países tendieron a devaluar sus
monedas, buscando un cambio más ventajoso. Pero el resultado para todos fue que se
generó una inestabilidad monetaria que favoreció la reducción del comercio exterior.
En el Reino Unido, el Partido Laborista había llegado al poder en 1929 en
coalición con el Partido Liberal. La crisis redujo a la mitad las exportaciones y en 1931
había más de tres millones de parados. Ese año se constituyó la British Commonwealth
of Nations, que constituyó la base para los Acuerdos de Ottawa (1932), en virtud de los
cuales se aplicó el criterio de “preferencia imperial”, es decir, comprar productos
procedentes del enorme Imperio Británico.
La crisis solo llegó a Francia en 1931, pero el país no llegó a superarla. Se
obstinó en no devaluar el franco, lo que lo hizo que los precios fueran poco
competitivos, al haberse devaluado la libra o el dólar. El gasto público se redujo y la
caída de precios fue inferior a la caída de los salarios, por lo que la conflictividad social
se incrementó.
En Alemania, los gobiernos socialdemócratas no lograron controlar la crisis. Los
sueldos cayeron y aumentó la presión fiscal, pero lo más preocupante era el paro, que en
1930 ya afectaba a tres millones de trabajadores y en 1932 a seis. Los grupos más
perjudicados fueron clase media baja, funcionarios y granjeros.
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