Ya antes de la Segunda Guerra Mundial, el gobierno nacionalista de la
República China tuvo que combatir a una guerrilla comunista cuyo líder era Mao
Zedong. La guerra contra los japoneses impuso un cese de los combates entre
nacionalistas y comunistas, pero al acabar la guerra los comunistas, contando con apoyo
soviético, reanudaron la guerra civil y consiguieron adhesiones masivas entre la
población, que esperaba una mejor distribución de la tierra. Para 1949 los comunistas
ocupaban casi todo el país, quedando solo en manos del gobierno nacionalista de
Chiang Kai-shek la isla de Formosa (Taiwan).
En la China comunista se puso en marcha una economía que seguía el modelo
soviético: colectivización de tierras y medios de producción y planificación económica.
Precisamente uno de los planes, el llamado Gran Salto Adelante (1958-1961), pretendió
promover una industrialización a ultranza, pero desatendió la agricultura, ocasionando
la muerte de millones de personas. Esto erosionó la posición de Mao, que durante un
tiempo perdió poder en beneficio de la burocracia del partido.
Pronto Mao maniobró para recuperar su importancia, cosa que consiguió
mediante la llamada Revolución Cultural desde 1966. En ella Mao movilizó sobre todo los jóvenes contra los cuadros dirigentes del partido, que fueron purgados. En ese
período el culto a la personalidad de Mao alcanzó su culminación y fue el momento de
mayor proyección del maoísmo. Este era una variante del comunismo que establecía
que –en el caso chino- el campesinado podía ejercer el papel de clase revolucionaria que
en países desarrollados correspondía al proletariado. Ejerció influencia especialmente en
países tercermundistas.
En política exterior, China tendió a distanciarse de la URSS, dotándose de su
propio armamento nuclear (1964) y ello le llevó a mejorar sus relaciones con Estados
Unidos a inicios de los 70. Por entonces el impulso de la Revolución Cultural se estaba
debilitando. Tras la muerte de Mao (1976), se persiguió a los sectores más radicales del
partido, dirigidos por la llamada Banda de los Cuatro y en 1978 Deng Xiaoping, uno de
los perseguidos durante la Revolución Cultural, se convirtió en nuevo líder del país.
Deng fue el artífice de la China actual, ya que mantuvo la dictadura del Partido
Comunista Chino, pero al tiempo impulsó una política económica capitalista que ha
proporcionado un elevado crecimiento económico de este país en las últimas décadas,
aunque a costa del aumento de las desigualdades sociales y regionales.
Coincidiendo con la perestroika, se produjeron protestas en la plaza de Tian An
Men, en Beijing para pedir una liberalización política, pero fueron duramente
reprimidas (1989).
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